CARTA A MI HERMANA

Publicado el 30 de julio de 2019, 12:59

Un día como hoy...
Nunca pedí una hermana, no recuerdo el día exacto que llegaste, tengo claro que has estado en todos mis recuerdos. Aunque crecimos en el mismo sitio, vimos la Vida con ojos diferentes, es curioso porque somos personas muy diferentes con tantas cosas en común que son sorprendentes.
Cuando eres niño, una hermana es sinónimo de "toca compartir", algunos juegos y por qué no, de una que otra pelea.
Pero pasan los años, creces y esa palabra toma mucha importancia, su significado cambia y su valor es incalculable.
Quién podría pensar que esa niña que me sacaba mis muñecas para despeinarlas, me dejaba las barbies sin ropa y sacaba sin permisos mis cuadernos, seria hoy en día el mejor regalo que me pudieran dar mis papas sin saberlo.
Tengo una hermana, una amiga, una confidente. Un gran apoyo, incondicional y sincero, a la que corro cuando algo no sale bien.
A esta altura del camino, las diferencias que podamos tener o haber tenido son insignificantes, comparadas con el privilegio de poder caminar juntas y crecer cada día. En medio del sendero es un orgullo y más que un privilegio vernos reflejadas en la niñez de nuestros hijos.
Definitivamente, el tesoro más grande es tener valores y principios, la mejor herencia la vemos en nuestros hijos y la mejor riqueza es poder caminar de la mano como una gran familia.

 

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