PENSANDO EN VOZ ALTA

Publicado el 24 de marzo de 2020, 12:59

Escuchaba por estos días que se ha elevado la violencia intrafamiliar y pensaba:
El error más grande se arranca desde el núcleo de los hogares, al competir esposos con esposas, si darse cada uno su lugar y su puesto; poco a poco se va perdiendo el respeto y uno a uno se van rompiendo límites, que generalmente no terminan bien.
No se trata de ver quién grita más, quien tiene la razón o quien debe tener el mando. No es sobre quien hace más, o hace mejor algo, en definitiva, es aprovechar los dones y fortalezas de cada uno en pro del bien común, del bienestar completo y por qué no, debería ser el vivir el uno por el otro. Esa es la prueba más grande de amor.
No es una competencia, no es una carrera, no importa quien trabaja más, o quién aporta más, quien está más preparado. Es un trabajo en equipo es una bolsa común, es escuchar, es entender y sobre todo hacer acuerdos sin tener en cuenta quien tiene la razón, o el mando.
Se nos ha olvidado, escuchar para entender, opinar, no para defendernos, sino para construir, pero sobretodo se nos ha olvidado hacer acuerdos, convivir y decidir amar al otro por encima de todas las cosas. Es por eso que hay tantos problemas de convivencia, en las casas y en todos los entornos, en todas las esferas.
Pero Dios nos dio una gran lección desde el principio, creó al hombre y le hizo una compañera, su ayuda idónea, no nos dejó solos, ni a la deriva. Y de esa unión de hombre y mujer la mayor bendición y el fruto son los hijos, la Base de la sociedad y el principio de la familia, definitivamente el origen de la construcción. Lo que a su vez trae la enorme responsabilidad y compromiso de ejercer un rol de esposo o esposa y a su vez de padre o madre, regidos por principios Claros y establecidos partiendo de esa frase tan replicada de: "serán una sola carne".
Pero a veces tomamos a la ligera nuestros papeles y le damos más importancia al trabajo, estudiamos para prepararnos profesionalmente, pero no para desempeñarnos en nuestros papeles fundamentales para la vida. Eso a veces simplemente se va dando, va pasando sin planeación, ni preparación alguna.
Debería ser una obligación para nosotros los padres educar en los roles y un deber para cada persona tenerlos claros antes de ejercerlos, que cada uno tuviera conocimiento de sus deberes, obligaciones, compromisos y derechos, para que se fortalezcan desde muy temprano los valores y principios, para que podamos salir a desempeñar un buen papel como esposos o esposas, como padres o madres y que esto diera como consecuencia ser buenos ciudadanos y habitantes del mundo. Todo lo que estamos viviendo, nos ha quitado la venda de los ojos y nos ha obligado a pensar y a enfrentarnos a una realidad, para la que no estábamos preparados, en la que todos dependemos de todos. En la que debemos convivir realmente con nuestras familias y en la que debemos valorar la vida, la libertad, la salud, la comida, la seguridad y la tranquilidad.
Quién no tiene miedo en esta época, que puede estar seguro que estamos tomando decisiones acertadas. Pará nadie es fácil decidir quedarse en casa, haciendo a un lado preocupaciones y obligaciones económicas, no es fácil aceptar el panorama mundial de Incertidumbre. Todos estamos viviendo en medio de muchas cosas, tenemos mil voces que callar en nuestro interior, para poder mostrarnos fuertes ante nuestras familias, nuestros hijos, finalmente es nuestra obligación no sembrar temor, no preocupar, mostrarnos fuertes y tranquilos. Todos debemos librar a diario la buena batalla de la fe, incluso ante nosotros mismos.

 

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