APENAS INICIANDO LA BATALLA

Publicado el 25 de marzo de 2020, 16:00

 

En medio de tantas medidas, algunas tomadas a la carrera. De alguna manera cada casa ha diseñado cambios en su entorno para poder superar el aislamiento. Se han creado turnos para las labores de la casa, el uso del computador, han organizado puestos de trabajo, se desempolvaron los rompecabezas, los juegos de mesa. Hay jabón y gel por todas partes. Recuperamos el comedor para volver a sentarnos todos en la mesa, damos gracias en cada comida y ya no pedimos cosas materiales. Se cocina mucho, se come un montón, se guardó la báscula para no martirizarnos con el peso, que dejó de ser importante. Volvimos a recordar, los paseos, las anécdotas y las recetas olvidadas.
También pasamos muchas horas del día frente a las diferentes pantallas viendo películas, videos, juegos, lecturas y hasta recorridos virtuales.
Unos días en pijama, sudadera, ropa cómoda que ni combina, con chanclas. Con el dilema de si bañarnos o no. Otros días baño, ropa como si fuéramos a salir de casa, solo para mantenernos animados.
No es fácil dejar de pensar con cuantas personas no nos vamos a volver a ver. Así que, conservando la calma y callando esas ideas que rondan en la cabeza. Escribimos mensajes, hacemos muchas llamadas, video llamadas y tratamos de mantener en contacto con nuestros seres queridos. La red sube fotos y nosotros replicamos sarcasmos, vendemos la Idea que todo está bien. Y por supuesto debemos reírnos de la situación, para mantener buen ambiente.
Sin importar la creencia, la religión, nos une la Oración, se medita y se pide para que en nuestra familia no se contagie ninguno, a pesar de aquellos que vemos cómo se ponen en riesgo y desobedecen. Muchos creen que pueden burlar la cuarentena y se creen inmunes, mientras otros se ven obligados a salir queriendo se quedar en casa; eso no deja de preocupar.
Hay tiempo suficiente para pensar, hacer un examen de conciencia, tomar decisiones, estar en silencio, reconocer que hay cosas más valiosas que el dinero y saber que cada día que pasa es una pequeña victoria que te permite abrazar a los que más amas y valorar su vida. Pueden haber problemas, claro convivir no es sencillo, pero cada que sale un recuento de personas contagiadas, los que pierden la vida. En el fondo respiras muy profundo y agradeces tener a tu familia en casa.
El amor de verdad se experimenta en estos momentos, viviendo unos por los otros, cuidándonos, conociéndonos, compartiendo, aceptándonos, valorando lo importante e indispensables que son para nuestra vida
Tener a tu familia tan cerca es un gran honor y privilegio, que muchas veces damos por hecho y en medio de tanto afán y rutinas no le damos el valor correcto.
Claro los seres queridos que está en otros lugares también son importantes, los amigos y pedimos la oportunidad de volverlos a ver cuándo todo esto pase. Y seguro que ya nada será igual que antes, el tiempo en familia ya no volverá a pasar en vano. Realmente esta experiencia quedará marcada en la vida de muchas generaciones. Ojalá no se vuelva una historia más y nos cambie como humanidad. El respeto por la vida en muy importante.
También hay tiempo para pensar en las personas que no pueden quedarse en casa por su trabajo, sobre todo a los que les toca estar tan expuestos, el personal de salud, de aseo en fin en todos, pensar en sus familias y en esa angustia que se debe sentir. En los enfermos que deben sentirse muy agobiados, alejados de sus seres queridos, con esa sensación de que puede ser el final. En las autoridades que tienen la responsabilidad de tomar decisiones sobre miles de personas, acceder a recursos y tratar de mantener un equilibrio en medio del caos, asumiendo las consecuencias y el peso de las opiniones. Dios los bendiga a todos, les de sabiduría, los guíe con tranquilidad y los proteja. No quisiera estar en sus zapatos. Todo mi respeto y admiración para todos, porque hasta para ser enfermo se requiere de mucha fortaleza.
En fin, apenas estamos iniciando esta gran aventura, que seguramente dejará a muchas familias fortalecidas y unidas en torno a Dios, con la misión cumplida de recuperar los principios y valores y volver a recargar los corazones.
Seguimos dando la batalla por la vida en una guerra que definitivamente se gana de rodillas y a mano limpia.

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