SE VA LA VIDA

Publicado el 7 de abril de 2020, 12:59

Son tantos los años que llevas siendo mi compañera que ya no logro diferenciar un día sin tu compañía, me miro al espejo y estás siempre a mi lado, no sé de dónde salió esa figura tenue, de mirada baja, me has hecho fuerte, eso debo reconocerlo, desde el día que me perdí llegaste tu. Debo admitir que, por un buen tiempo, de verte al espejo, tu reflejo me hacía sentir impotente, frustrada e inconforme. Aunque aún en días como hoy cuando termino llorando inconsolable, miro para ver si aun estás conmigo. Me duele mi tristeza y al mismo tiempo me llena de rabia como es que llegue hasta acá. Cual fue la lógica que me trajo a esto, en que estaba pensando. Donde estabas que no me advertiste.
Que es lo que no me deja romper con todo esto, una y otra vez, me ilusiono, creo de nuevo y en menos de nada de nuevo, herida sobre herida. Me duele, no sé a dónde se va el amor, en realidad a estas alturas creo que el único que ha estado ha sido el mío, la pregunta correcta seria como no vi que no era amor.
Como duele admitir, sentir y aceptar, una realidad, cuando te lastima. Creo que el error es no haber tenido clara y amarrada al cuello, la definición correcta de la palabra amor. Ese amor que piensa en ti todo el tiempo, que cuida, protege y que no hace daño. Un amor que no somete a casualidades con las que se justifican los engaños. Que no te usa de excusa para tapar los errores. Un amor que no martilla con palabras que hieren, uno que no compite, no es vengativo, no grita, no golpea. Un amor siempre te ponga en primer lugar, que escucha, que trabaja en equipo.
A veces se va la vida esperando, soñando, perdonando, que el dolor del alma se vuelve habitual, y aparece frente al espejo una figura que jamás hubieras esperado. Se aprende a vivir en un piso flotando y roto en mil pedazos, definitivamente muy alejado de todo lo que habías soñado.

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