EL MATRIMONIO

Publicado el 1 de diciembre de 2019, 18:47

Cuando somos niños, las historias felices terminan en un matrimonio y una gran fiesta. En la medida que crecemos parece que el matrimonio fuera un salto a un vacío, un castigo o una pésima decisión.
Definitivamente el matrimonio no puede seguir siendo relacionado con tristeza, con problemas, con infidelidad, con pérdida de la libertad. Se han asociado tantas ideas erradas al matrimonio, que cada vez hay más personas que sólo lo relacionan con cosas negativas. Otras tantas que no quieren saber nada de él.
Dios creó el matrimonio para volvernos una sola carne, este concepto que casi nadie entiende y mucho menos pone en práctica cuando se casa, y casi siempre se olvida lo que se dice en la ceremonia.
Deben ser una sola carne, lo que implica ser uno, para actuar, decidir, sentir, pensar, ser uno para hacer equipo, para no estar solos, para formar una familia, lo que equivale a fundar la mejor empresa de todas. Un matrimonio implica decir si a una única persona y a su vez decirle no a todas las demás.
El matrimonio debe ser más que un vestido blanco, un par de anillos, fotos y una fiesta lujosa. Debe ser más que la famosa luna de miel. El Matrimonio debe ser sagrado, hermoso, debe entenderse como un compromiso y una gran responsabilidad. Es la unión de dos vidas y lo más importante es para toda la vida.
El matrimonio fue creado para no estar solos, para disfrutar, para cumplir sueños, para tener hijos en alegría, para trabajar con más eficacia, para edificar y construir, para recibir muchas bendiciones.
Pero en el Matrimonio, realmente se unen dos personas totalmente diferentes atraídas físicamente, ambas con ideales y muchas expectativas. Hay una necesidad muy grande de crecer, de progresar, de adquirir cosas, y eso nos lleva a enfrentar nuestros propios problemas, sobre todo a ser capaces de lidiar con el egoísmo. A poner a prueba la capacidad de poner a el otro primero. Algo para lo que nunca nos prepararon.
Durante el noviazgo, solo se viven cosas positivas, se juntan dos personas por gusto, por atracción física, que muestran la mejor versión de cada uno... El noviazgo es una etapa muy bonita, pero lejana a la realidad. En esa etapa, se vive el gusto, el enamoramiento, cada quien muestra su mejor versión. Solo cuando se casan vienen a verse realmente como son. Convivir no es fácil. Juntar dos personas con diferente formación, con costumbres y hábitos diferentes no siempre resulta tan fácil. Y para la práctica, no siempre resulta bien.
El desgaste del día a día, hace que aquella persona, que de novios no querías dejar de ver ni un minuto, esa que veías encantadora y sin ningún defecto; poco a poco con el tiempo parece tener mil defectos, que no viste antes, parece otra persona.
Por alguna razón, la convivencia hace que olvidemos las razones por las que decidimos casarnos. Ahora, las discusiones están a la orden del día y sin darnos cuenta en brillo se opaca, el amor se destiñe tanto que se nos olvida que existe. El famoso día a día se transforma en rutina, aguante. Y llega la sensación de que no era eso lo que queríamos, que definitivamente no somos felices. Aparecen las famosas palabras tan de moda en estos tiempos divorcio, separación, infidelidad y con ellas esa sensación de dolor, rabia e impotencia.

Sin embargo, todo es posible si se tiene la convicción de casarse para toda la vida, si se usa el noviazgo para conocerse, si es claro que un matrimonio no es una carrera, ni una competencia, nadie gana ni pierde por separado. Una sola carne, un solo cuerpo, un equipo. Quizá si dejamos de esperar que sea la otra persona la que nos haga felices, podamos acercarnos un poco a la situación ideal.
Definitivamente el éxito de un matrimonio feliz está dado cuando dos personas renuncian al mismo tiempo a su egoísmo, se entregan al mismo tiempo y al 100% la una a la otra y se preocupan solo por hacer feliz a su pareja. Suena muy bien. Lastimosamente, ponerlo en práctica no es nada fácil.
Crecemos en un mundo, donde desde que nacemos nos educan para ser egoístas, para surgir, crecer, para tener dinero, posición. Jamás nos educan para compartir, para renunciar, para ceder, para ser humildes y sobre todo para dar la vida por otro. Para amar a otro incluso cuando no se lo merezca. Para no decir cosas negativas, para tener paciencia. En pocas palabras no nos enseñan a amar de verdad.
Debe ser esta la razón por la que cada vez son más los divorcios, menos los matrimonios. Cada vez son menos las celebraciones de bodas de oro.
Es importante, aprender que el corazón es muy volátil, que las emociones no son las más adecuadas para tomar decisiones. Y que amar de verdad es una decisión que se debe tomar a diario y de manera consciente porque debe ser para toda la vida.
Ese es el verdadero reto, sobrepasar los obstáculos, resistir a los problemas. Amar a su pareja sabiendo que tiene mil defectos y que no va a cambiar. Decidir amarlo por encima de un problema, amarlo cuando menos se lo merece. Saber que vas a estar toda la vida a su lado y ser consciente de eso hace que con cada problema estén obligados a ver la solución. Ese es el camino, no es fácil pero es el correcto.

 

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