EL TIEMPO

Publicado el 25 de enero de 2020, 12:59

 

Definitivamente no lo puedes comprar ni con todo el oro del mundo y debe pasar media vida para entenderlo. En alguna época, nace esa sensación de ver el tiempo pasar a una velocidad extrema, lo que genera una gran impotencia. En ocasiones ese afán de tiempo nos hace actuar en piloto automático, como robots, casi sin ser conscientes en instantes de lo que hacemos o incluso de lo que comemos.

En un abrir y cerrar de ojos los niños se crecen y muy sutilmente envían un mensaje entre líneas de vejez. Esa sensación de angustia, que roba las fuerzas para sostener una carga, que parece cada vez mas pesada.

Finalmente, siempre queda una eternidad por hacer, en una franja tan corta que se absorbe con muchos frentes de maravillosas obligaciones, responsabilidades, deberes y compromisos.


Es curioso pero en ciertos momentos, es inevitable mirar atrás y repasar cada época con nostalgia, recordar esa niñez de juegos, sin preocupaciones. Esa época en la que la mayor angustia era crecer. Pasan los años y con ellos nacen esas ganas de salir cuanto antes del colegio, olvidar las tareas. Esta latente ese espíritu crítico e indomable que sólo espera el último campanazo para salir a cumplir sueños, coger el mundo a dos manos, todo se ve fácil y definitivamente desde esa óptica los adultos parece que se complican mucho.

Y sale, por fin, aquel espíritu, resplandeciente, entusiasta, lleno de sueños y porque no decirlo envuelto en un halo de egoísmo. Muchos sueños se cumplen, pero tal vez, se defraudan por las altas expectativas. Otros tantos se quedan dormidos en el camino, algunos otros deben cambiar sobre la marcha. Y de un día para otro, en realidad sin saber cómo, todo se traduce en ingresos, gastos, inversiones, oportunidades y decisiones. Es la bienvenida a la carrera de la vida, el afán del día a día, el inicio de la rutina.

Aquel camino que se veía infinito, hace muy poco, ahora se cuadrícula a 52 semanas, 12 meses, 4 semanas, 7 días, 24 horas, que se pasan segundo a segundo de una manera tan acelerada que hagas lo que hagas no se pueden detener. Ese sendero se transforma en todo un camino ligado y trazado por cada decisión tomada y por sus respectivas consecuencias.

Y lo que algún día parecía tan sencillo ahora es crucial y muy complicado. Se cometen muchos errores, sin que se pueda devolver el tiempo para cambiarlos y se debe aprender a vivir con eso. Hay que planear, el futuro, sin perder de vista el presente y teniendo en cuenta las enseñanzas del pasado. Algo que realmente no es una tarea fácil y en lo que se va toda una vida.

Y de un momento a otro tan solo vives, el reloj jamás se detiene. Se va avanzando y en ese trayecto, se forman familias, el matrimonio, los hijos, el trabajo, las deudas. Y llega esa otra tarea angustiante de darle a ellos todo lo que no tuviste. Muy en el fondo, esta esa sensación de miedo a equivocarse, a fracasar. Es un peso enorme que se adquiere para que jamás les falte nada y definitivamente reciban tu mejor esfuerzo.

Y realmente en medio de un suspiro, quien no quisiera 20 años menos con la experiencia de ese camino. Se siente como caminar por la ruta de los padres que alguna vez se vio tan lejana e impasable. Hay que admitir que en muchos momentos, cierras los ojos y te vez actuado como ellos. Cuanto tiempo debió pasar para por fin entenderlos. Ahora se repite la historia pero desde otra perspectiva. Por eso será que se repiten tantas frases típicas de papas, generación tras generación.

El algún punto, es necesario darse cuenta, y entre menos tarde os mejor, pues ese afán por tener cosas y dinero, hace perder tiempo valioso e irrecuperable y no conduce a nada. El mayor tesoro, la mejor riqueza es acumular buenos momentos, aferrarse a las risas, a las mejores anécdotas a esos recuerdos que cada vez que aparecen se roban una sonrisa.

El tiempo es finito y se nos va media vida corriendo. El tiempo pasa y la única manera de capturarlo es a través de buenos recuerdos. El cuerpo se envejece, cada vez rinde menos, se aparece el maravilloso cansancio, se pierde cada vez más un poco de movilidad. Pero de alguna manera, llegará el día que con el pelo blanco, el alma corra y disfrute con las historias de cada recuerdo junto a sus seres queridos. Y seguro que será el mejor legado y la mejor manera de envejecer llevándose muy buenas historias y anécdotas. No hay mejor manera de trascender en el tiempo, ganarle la carrera al tiempo y vivir eternamente en los buenos recuerdos.

 

Añadir comentario

Comentarios

Todavía no hay comentarios