GUERRA A MANO LIMPIA

Publicado el 14 de abril de 2020, 11:01


En un abrir y cerrar de ojos, nos cambia la vida, nos cambian los planes, sin importar el estrato, el lugar, en color de piel, las creencias o el clima.
Finalmente, estamos de acuerdo. Todos unidos en torno al caos en esa realidad parece sacada de una película.
En medio de tanta confusión, tantos actores de reparto. Vemos en primer lugar, la política, todos quieren ser protagonistas, medir fuerzas, con esa sed de poder que enceguece y nubla la objetividad. También tenemos a los medios, la televisión y las redes, que no olvidan que deben ser populares y tendencia, así sea con noticias falsas o sembrando pánico. Y por último no puede faltar el dinero, el actor silencioso que no quiere perder el control. Y en medio de ese afán por sobresalir, nos olvidamos por completo del director y dueño del libreto: Dios.
Todos con opiniones divididas, unidos por el caos y el miedo para hacerle frente a un enemigo invisible, que puede estar donde menos lo esperamos. En medio de tanta angustia ya no puedes dar un beso, recibir un abrazo o estrechar una mano.
Como si la ficción se hubiera salido de la pantalla, cada hora hay menos personas sanas, menos vivas, no importa a dónde mires. Todo queda pausado, no salir, no viajar, como si la vida se quedara cruzada de brazos, impotente, sin poder defenderse.
Fronteras cerradas, empresas quebradas, miles de emociones encontradas, surgen esos instintos de supervivencia individualista que nos hacen egoístas.
Algunos se quejan por el encierro, otros lloran por no haberse aislado antes. Muchos quieren ir de vacaciones, sin importar el riesgo; miles no consiguen como regresar a casa.
Las decisiones que toman las naciones se debaten entre el dinero y la vida. La pandemia está a cargo de muchos economistas, pocos médicos. Todos extreman la protección, mientras el personal de salud trabaja desprotegido y sin insumos.
Sometidos a largas filas y precios extremos, vemos como el dinero y la oportunidad van desocupando corazones.
En todos los idiomas se habla del mismo tema, día y noche. Toda la realidad se ha transformado. Calles vacías, se respira miedo, incertidumbre y mucha angustia.
Un virus se pasea por el mundo, con súper poderes y nos obliga a dar nuestra mejor batalla, esa que no nos podemos dar el lujo de perder.
Tanto ruido y tanto afán silenció nuestro espíritu, se calló la voz del dueño de la vida y terminamos haciéndolo a un lado. Dejamos de respetar sus reglas, llegamos a sentirnos superiores y ahora necesitamos de su apoyo para salir de esta situación.
Tenemos que cambiar las estrategias para protegernos, habrá que doblar las rodilla, limpiar y desinfectar hasta el alma, ya no sirven las armas, ya no es cuestión de alarmas y chapas de seguridad. Las nuevas armas, son el jabón y el agua. Quien lo creyera la humanidad se une en una guerra mundial a mano limpia.

 

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