CASI 40

Publicado el 25 de febrero de 2020, 15:31

LLEGANDO A LOS 40

En este momento, veo atrás ya son casi 40, no envidio la juventud, aunque me gusta recordar mis tiempos de joven, fueron buenas épocas. Hoy sonrió con nostalgia de ver el afán por crecer de esa época. Se pierde mucho tiempo planeando el futuro. Cuando era niña, alguien de 40 me parecía ya viejo, ahora, definitivamente ya cambié de opinión

Ahora veo mis cuerpo con otros ojos, quizá sea madurez, quizá a estas alturas el espejo ya no es tan importante. Encontré una manera de disfrutar diferente, más ligada a la comodidad. Pasaron casi 40 años y definitivamente el ejercicio y yo no somos buenos amigos. Puedo disfrutar mucho bailar, reír, cantar a grito herido y unos buenos tragos, solo si están acompañados de una buena conversación. Aún disfruto del privilegio de no sufrir de guayabo, ni de malos tragos.

A mis años, ya sé que mi piel no es lisa, tengo machas, celulitis, estrías y gorditos; pero cada que los veo agradezco a mi cuerpo porque ha dado vida 3 veces, ser madre es maravilloso con todo y sus altibajos, es algo que no cambiaría por nada del mundo. En estos años, me he enfermado, mi vida ha corrido riesgos he superado muchas batallas difíciles. Mi cuerpo ha sido más resistente de lo que me pude imaginar, ha aguantado al pasar de los años mis abusos y descuidos. Supe que era un parto normal a palo seco, sin anestesia, mi hijo con pronóstico de 1a100, es orgullosamente parte de esas estadísticas Milagro de las que vivo muy orgullosa, sintiéndome privilegiada y bendecida. Pasé por la preclampsia, eclampsia y su cesárea respectiva, perdí la vista por un tiempo, una experiencia muy extraña, que me enseñó a valorar lo simple. He convivido sin saberlo desde los 14 con endometriosis, esa compañera que me hizo sentir floja y quejetas. Pero con todo y eso pude ser mamá, y me llegó, mi muñeca, una beba canguro de 950 gramos que es mi gran logro y que se suma a más bendiciones.
A veces puedo ver mis arrugas en el rostro, mi delineador ya no queda tan derecho, ni tan delgado porque han pasado los años, con lágrimas, trasnochos, problemas, enfermedades, tristezas, preocupaciones y frustraciones. He tenido épocas en las que me cuesta sonreír y otras que he llorado de la risa y he quedado con dolor de estómago. Así que cada marca en mi cara debe tener una historia y una huella. Quizá más adelante olvide cosas, pero las huellas de mi piel quedarán para recodármelas.

Ya no sufro por verme más joven, me desvelo pensando en generarle buenos recuerdos a mis hijos, me pierdo en el tiempo disfrutando un buen viaje, una buena comida, una buena película, una buena exposición de arte, un museo o una buena obra de teatro.

Ya mis inseguridades se han ido desvaneciendo con los años, aprendí a no esperar mucho, ni llenarme de expectativas, eso me sacaba muchas lágrimas. Ya no me alteran los demás, ni sus desaires. Tengo muy claro las cosas que no son negociables. Disfruto de una buena compañía, de sentirme importante, amada y querida. Pero no quiero nada forzado, ni mucho menos mendigado. Ya no me preocupa la soledad, aprendí a disfrutar de mis espacios sola y de los silencios. Ya no sufro si me debo sentar sola a tomar un café.
Con frecuencia olvidó mi maquillaje, ya casi no lo uso. Mi bolso lleva dolex, aspirinetas y las infaltables ranitidinas. Sigo siendo despistada, desordenada y odio hacer vueltas de banco. Eso supongo que tampoco va a cambiar nunca.
Se que tengo pocos amigos, pero me gusta pensar que son valiosos y me aprecian. Sentir que puedo confiar en ellos es lo que más valoro. Aprecio saber que estoy en sus oraciones a diario.

Definitivamente, cuesta media vida aprender a vivir y a disfrutar de cada día. Todos los días debo perdonarme y perdonar cosas sin darles trascendencia y cuesta dejar atrás lo que ha dolido, pero aun lo intento a diario. Siempre quería entender el porqué de todo, peleaba por lo que me parecía injusto y me molestaba al no entender lo que pasaba. Defendía la igualdad de género y todo debía pasar por una balanza de equilibrio. Sufría por tener las explicaciones y no descansaba hasta conseguirlas. Cuesta hacerse a un lado para que las cosas pasen y perdonar y olvidar sin entender del todo lo que pasa y más si duele.

A estas alturas me visto cómoda, aún me dejó sin peinar. Tengo días que cambio de tinte, que improviso con ropa, o que decido ir al salón de belleza. Otros que simplemente, amanezco con ganar de verme diferente al espejo. Pero la mayoría de las veces quiero estar cómoda. No me fijo como se ven los demás, mi me interesa impresionar a nadie. Quien me ame tendrá que aceptarme en tenis o con tacones. Muy maquillada o con la cara lavada, en sudadera o en vestido.

Cometo errores a diario, pero ya no me juzgo tan duro, los asumo y trato de aprender de ellos. Realmente trato de felicitarme más a diario, que de juzgarme. Ya no sufro por el reconocimiento, los títulos. Me gusta estudiar, leer pero por y para mi. Me gusta desafiarme y tener la satisfacción de superarme, me agrada aprender cosas nuevas, colgar cuadros en mi casa que yo he pintado.

Aprendí a caminar mi vida con Dios de la mano. Me costó entenderlo y aprender a vivir de acuerdo a sus planes. Realmente fueron todo el tiempo, diferentes a los míos, pero siempre termino dándole la razón en todo. Ya entendí, que soy la niña de sus ojos.

Me gusta perderme entre letras. Confío que algún día alguien se tome el trabajo de leerlas. Me gusta pintar, decorar y una buena tarde de compras con mi princesa. Me encanta oír reír a mis hijos. A pesar de los días grises, disfruto de lo que he hecho y he vivido hasta ahora. Cuestan varios años aprender a ser agradecida.

De acá en adelante, mi mayor preocupación es llenarme de buenos recuerdos. Y preocuparme por mí, por reírme con el hígado, por pasear, disfrutar y conocer muchos lugares.

No puedo saber que va a pasar, no puedo evitar tener problemas, tristezas y lágrimas; pero todos estos años me han enseñado a recibir las cosas que vengan con resignación, paciencia y buena actitud. Finalmente nadie puede vivir por mí y yo no puedo elegir que me traerá la vida. Este año serán bienvenidas las 40 velas de mi pastel y los kilitos de más que me obsequia cada año. Quiero aprender de los días grises y atesorar las cosas buenas de los días blancos que pasen. Quiero dejar mi trazo hasta acá, no sé qué pueda cambiar con los 40. ¿Será acaso esta la prueba de la crisis de los 40 que todos nombran? Pues bueno dejemos este texto en construcción a ver si cambia algo después de los 40.

 

 

 

 

 

Añadir comentario

Comentarios

Todavía no hay comentarios

Crea tu propia página web con Webador