Encontrarás historias cortas escritas en diferentes épocas de mi vida, inspirados en diferentes sentimientos y situaciones.

LOS SONIDOS DEL SILENCIO

Cuantas veces guardamos silencio, no decimos todo, no expresamos lo que sentimos, cuantos miedos y angustias escondidos. Miles de gritos ahogados. Lágrimas reprimidas. ¿ A dónde van a parar? ¿El olvido será un lugar? Tal vez esté en algún rincón de nuestro cuerpo y se valla llenando con el paso de los años de miles se sonidos silenciados, ahogados y frustrados.

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NOSTALGIA

Crecí en esa ciudad de ladrillo, ruido y cemento, donde jugar en la calle, sumar anécdotas y no tener raspones era todo un reto, un padre exigente, preocupado por el estudio; una madre protectora y preocupada por los peligros. Crecí entre los cortos permisos, pedales, tizas , lazos y el canto de los copetones. Aquel caos con el tiempo, la distancia y sin saber cómo, resulta ser encantador; nace así el gran amor que sólo entendemos los bogotanos de verdad.

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LA PUERTA DEL PACIFICO

Aquel día, después de tanto caminar, Juan casi rendido vio aquel sitio que sobresalía cerca del río, se dejó llevar por un aroma cautivador que lo atraía a ese lugar. Aunque Juan estaba agotado, usó sus últimos alientos para llegar hasta allí. Las deliciosas piñas que encontró lo alimentaron y llenaron de fuerzas, tomó un descanso y disfrutó de ese aroma que lo había enamorado. Pasar la cordillera y llegar a allí era agradable, revitalizante, así que Juan decidió marcar este lugar, para poder regresar con piedras de sal, que encontró a la mano, junto a aquellas plantas tan aromáticas que resaltaban la zona, además de las dulces piñas; la idea era verlo brillar siempre que pasara cerca. Su objetivo final era el mar, por eso solo pudo descansar un día, era necesario retomar su camino, de modo que la marcha debía continuar. Pasaba el tiempo y Juan debía hacer muchas cruzadas entre el interior y el pacífico, así que aquel lugar se convirtió en parada obligada para tomar un maravilloso descanso. Con el tiempo Juan decidió poner un nombre a aquel paraíso encantado, para él, era la puerta del Pacífico, que se hizo famosa por sus plantas aromáticas y las piñas. Con el tiempo el ferrocarril y sus grandes costumbres le dieron fama a aquella puerta del Pacífico y se convirtió en Dagua, la tierra de la piña y el famoso quereme.

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SALVANDO AL MUNDO

Nunca se imaginó que esto fuera a suceder así, tenía que sacrificarlas a ellas, eran las últimas que quedaban y debía mancharse de rojo hasta los pies. Lo pensó por mucho tiempo, debía recordar todo, no podia faltar ni un paso, definitivamente no las iba a poder conservar de ninguna manera. Por suerte estaba el sótano para esconderlas, entre más tiempo pase mejor,  al fin y al cabo, la humanidad no podía quedarse sin vino y esas eran las últimas uvas.

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LA ULTIMA OPORTUNIDAD

Había una vez un planeta con todos sus humanos en cuarentena, gracias a un virus, que había sembrado miedo y temor. Se estaban perdiendo muchas vidas, toda la humanidad estaba siendo amenazada. Nadie sabe cuánto puede durar todo esto, los humanos se sienten encerrados y privados de su libertad. Aunque si lo miramos desde afuera, el planeta se está dando un respiro, que realmente necesitaba.A los pocos días de tener a los humanos aislados, Se empezaron a aclarar las aguas, regresaron los peces, los delfines, las aves. El aire bajó sus altos niveles de contaminación, se disminuyó en un alto porcentaje la contaminación visual y la auditiva. Los mamíferos ahora se pasean libremente y sin temor por las calles desoladas y hasta la capa de ozono se está regenerado. Seguro que todo esto nos envía un mensaje entre líneas. Ya es hora que también nosotros entendamos que es tiempo de reconstruir en nuestras familias, en nosotros mismos y como humanidad. Es el momento de dejar atrás los errores cometidos y reparar, para empezar de nuevo. Realmente el planeta necesita que lo cuidemos o vamos a terminar exterminados. Cuando todo esto acabe, cuando la humanidad vuelva a estar libre, es importante que recuerde que tiene la última oportunidad para no comportarse como una plaga.

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EL ORIGEN DEL DOLOR

Esta historia debería empezar así: en aquel tiempo las personas de aquella aldea trabajaban juntas. Desde muy pequeños niños y niñas debían trabajar. A cierta edad, cuando las niñas que se iban a convertir en mujeres, debían pasar por una ceremonia tradicional de limpieza. Desde su primer período debían estar ocultas entre 3 a 4 días, pues eran consideradas impuras, se creía que debían apartarse para no poner en peligro la aldea. Llegó ese día para Taiku y definitivamente le cambió la vida. La primera vez tuvo que aislarse fueron 8 días y en adelante prácticamente no pudo volver a salir, ella sufría de una condición especial que la hacía permanecer alejada. En su encierro el dolor la doblaba, vomitaba, sufría del estómago y pasaba el tiempo luchando con todo en soledad. Con el tiempo, todo el pueblo empezó a rechazarla, creían que debía tener algún espíritu malo, consideraban que era de mente y cuerpo frágil, al final la olvidaron. Pasaron muchos años y ella creció en ese encierro. Solo había una ventana alta por donde entraba un poco de luz. Tenía días que hasta le costaba ponerse de pie, pero definitivamente lo que no te mata te hace fuerte.

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AMISTAD

Despertó y se sintió completamente sola. Cuántos amigos perdió en el camino. Cuánto los añoraba ahora. Miró por la ventana, aún está ese cartel del que de niño quiso ser su amigo, solo corrieron lágrimas.

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PASADO

Solían volar cada mañana, un día, molestó, no quiso ir. Una rama causó un accidente. Así una cicatriz, le causó su mal carácter, él se siente culpable. Sumergidos en el pasado, no han podido seguir adelante.

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UN AMOR DE LUNA

UN AMOR DE LUNA: UNA GRAN LECCIÓN DE TOLERANCIA Todas las noches, miraban la luna desde una ventana, así se enamoraron, entre sonrisas y gestos, la distancia permitía que se escucharán. Paso el invierno, creyeron conocerse, decidieron casarse. Durante la ceremonia todo fue celebración. Pero al vivir juntos se dieron cuenta que tenían costumbres y gustos diferentes que los hacían discutir todo el tiempo. Al sentirse tan tristes fueron a mirar la luna. De inmediato recordaron la razón por la que habían querido estar juntos. Así que decidieron tolerarse sus diferencias, hacer acuerdos y nunca más olvidar ver la luna juntos.

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MI GRAN EQUIVOCACION

Un buen día, me enteré que su hijo sufrió un fuerte accidente, corría peligro su vida y los separaban miles de kilómetros de distancia, apenas si había comunicación. Tan pronto recibió la noticia, de inmediato dobló sus rodillas y empezó a orar, con unas pocas lágrimas en sus ojos, con sabiduría y mucha confianza le entregó su hijo a Dios. En la medida que pasaba el tiempo, a su alrededor se conocía la noticia, ella pedía oración a todos, con una calma y una serenidad sorprendente. Entre los que se iban enterando de lo sucedido, se sentía esa tensión y esa presión de que ella se fuera corriendo a verlo, era una situación realmente extrema, de vida o muerte, que para todos no daba espera. Por su parte, ella con esa serenidad y confianza absoluta, que no entendí en su momento y que incluso, debo reconocer, también critiqué, solo se dedicó a orar.Todos a su alrededor creíamos que no salía corriendo a ver a su hijo, quizá por temas de dinero. Pero ella se negaba a recibir las ayudas económicas. Siempre decía esperemos a ver cuál es la voluntad de Dios y que el señor decida sobre él. Debo ser honesta, al verla, una y otra vez, yo pensaba que habría hecho en su lugar y sin ninguna duda, saldría corriendo a ver a mi hijo. Para mi estar allá hacia la diferencia. Sentía que no ir, era como morir de angustia sin tener una información clara. Quizá me necesita para darle ánimo, para encargarme de sus cosas, hablar con los médicos. En fin, realmente no lograba entender su calma, su tranquilidad. Muy en el fondo yo sentía la angustia de pensar que si algo salía mal y el fallecía se quedaría sin verlo. Pasaron muchos días, en medio de este mismo tema, con intervenciones, cuidados intensivos, pronósticos reservados y muy poca información. Y ella confiada y aferrada sentía que cada día era una victoria. Ese carácter fuerte, inquebrantable la sostenía orando y pidiendo oración. No sé cuántas veces le escuché decir esperemos que Dios haga su obra. Y yo por dentro sentía, que mi paciencia ya se había agotado hace mucho. Yo no quería esperar, necesitaba noticias ya. El tiempo de Dios es perfecto, esa es la frase que uno escucha un montón, pero en medio de situaciones de Angustia como esta, realmente me parecía eterno y pausado. Pasaron muchos días con avances mínimos. Y esta señora, seguía viviendo cada día, con la alegría de unas victorias muy tenues. Realmente, había días que yo me preguntaba, ¿estará en sus cabales?, estará midiendo la gravedad de la situación? Llegue a pensar en irme para poder estar segura de la Situación real. Y pues ver que a mi alrededor había muchas voces que pensaban como yo, llegué a asumir que estaba en lo correcto. De igual forma, pasa el tiempo y realmente la suma de esas victorias pequeñas, empezaron a denotar algunos cambios significativos. En algún momento ya se ve la claridad de la situación, hay una mejoría notable y a pesar de todas las circunstancias, aquella señora tenía toda la razón. Todo finalmente obró para bien, de una manera tan curiosamente casual, que definitivamente no notar la mano de Dios era prácticamente imposible. Paso el tiempo, una recuperación muy dolorosa. Pero con todo lo que había pasado empezar a prestarle mucha atención a sus sabias palabras. Ella decía que Dios a través de toda esta situación siempre buscaba enseñar cosas. Que en medio del dolor tan grande de su hijo, ella no se cansaba de pedirle fortaleza y sabiduría para que el lo pudiera superar, pero sobre todo entender que Dios le había dado una segunda oportunidad con un claro propósito.

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