MI GRAN EQUIVOCACION

Un buen día, me enteré que su hijo sufrió un fuerte accidente, corría peligro su vida y los separaban miles de kilómetros de distancia, apenas si había comunicación. Tan pronto recibió la noticia, de inmediato dobló sus rodillas y empezó a orar, con unas pocas lágrimas en sus ojos, con sabiduría y mucha confianza le entregó su hijo a Dios.
En la medida que pasaba el tiempo, a su alrededor se conocía la noticia, ella pedía oración a todos, con una calma y una serenidad sorprendente. Entre los que se iban enterando de lo sucedido, se sentía esa tensión y esa presión de que ella se fuera corriendo a verlo, era una situación realmente extrema, de vida o muerte, que para todos no daba espera.
Por su parte, ella con esa serenidad y confianza absoluta, que no entendí en su momento y que incluso, debo reconocer, también critiqué, solo se dedicó a orar.
Todos a su alrededor creíamos que no salía corriendo a ver a su hijo, quizá por temas de dinero. Pero ella se negaba a recibir las ayudas económicas. Siempre decía esperemos a ver cuál es la voluntad de Dios y que el señor decida sobre él.
Debo ser honesta, al verla, una y otra vez, yo pensaba que habría hecho en su lugar y sin ninguna duda, saldría corriendo a ver a mi hijo. Para mi estar allá hacia la diferencia. Sentía que no ir, era como morir de angustia sin tener una información clara. Quizá me necesita para darle ánimo, para encargarme de sus cosas, hablar con los médicos. En fin, realmente no lograba entender su calma, su tranquilidad. Muy en el fondo yo sentía la angustia de pensar que si algo salía mal y el fallecía se quedaría sin verlo.
Pasaron muchos días, en medio de este mismo tema, con intervenciones, cuidados intensivos, pronósticos reservados y muy poca información. Y ella confiada y aferrada sentía que cada día era una victoria. Ese carácter fuerte, inquebrantable la sostenía orando y pidiendo oración. No sé cuántas veces le escuché decir esperemos que Dios haga su obra. Y yo por dentro sentía, que mi paciencia ya se había agotado hace mucho. Yo no quería esperar, necesitaba noticias ya. El tiempo de Dios es perfecto, esa es la frase que uno escucha un montón, pero en medio de situaciones de Angustia como esta, realmente me parecía eterno y pausado. Pasaron muchos días con avances mínimos. Y esta señora, seguía viviendo cada día, con la alegría de unas victorias muy tenues. Realmente, había días que yo me preguntaba, ¿estará en sus cabales?, estará midiendo la gravedad de la situación? Llegue a pensar en irme para poder estar segura de la Situación real. Y pues ver que a mi alrededor había muchas voces que pensaban como yo, llegué a asumir que estaba en lo correcto.
De igual forma, pasa el tiempo y realmente la suma de esas victorias pequeñas, empezaron a denotar algunos cambios significativos. En algún momento ya se ve la claridad de la situación, hay una mejoría notable y a pesar de todas las circunstancias, aquella señora tenía toda la razón. Todo finalmente obró para bien, de una manera tan curiosamente casual, que definitivamente no notar la mano de Dios era prácticamente imposible.
Paso el tiempo, una recuperación muy dolorosa. Pero con todo lo que había pasado empezar a prestarle mucha atención a sus sabias palabras. Ella decía que Dios a través de toda esta situación siempre buscaba enseñar cosas. Que en medio del dolor tan grande de su hijo, ella no se cansaba de pedirle fortaleza y sabiduría para que el lo pudiera superar, pero sobre todo entender que Dios le había dado una segunda oportunidad con un claro propósito.

Realmente yo estaba muy equivocada y es mucho más valiente entregarle un hijo a Dios y confiar que el es más sabio para poder hacer su voluntad, actuar en medio del dolor por cuenta propia. Se necesita mucha fortaleza, mucha sabiduría y una fe enorme para dar una prueba tan grande, que realmente nos dio una gran lección de vida a todos los que estuvimos cerca.
Siempre escuche hablar de la fe, pensaba que era creer, orar. Hoy que la vi realmente, entendí que es cerrar los ojos y dejar realmente en manos de Dios lo que más nos preocupa. Vivir conforme a su voluntad, da la capacidad de aceptar todo lo que pueda pasar. Definitivamente, es creer en algo que no se ve, pero con la certeza de que viene en camino.
Tenía que contar su historia, porque una persona tan valiente no se puede perder de vista nunca. Y los que la vivimos de cerca, no podemos dejar que se olvide nunca.

 

 

 

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