EL DESACUERDO

 

En ese mismo planeta de los sordos. Un buen día un par de vecinos molestos empezaron a gritar desde cada extremo de la calle, cada vez más fuerte, ninguno cedía porque obviamente cada uno creía tener la razón. En realidad, eso no es nuevo, en ese lugar todos gritaban para callar al otro. Pero cuando había algún desacuerdo, la voz se elevaba mucho más y la violencia pasaba a ser la protagonista.
Al pasar las personas por aquel lugar, algunos solo se quedaban mirando; muchos indiferentes, ni prestaban atención; otros más, sentían miedo y apuraban el paso. Y varios, empezaron a tomar partido y a apoyar la discusión, unos de un lado, otros del otro y por su puesto había quienes le hallaban en parte la razón a los dos. Así que, en medio de la algarabía, cada vez se reunían más voces gritando, muy pronto empezaron las agresiones y en poco ya era una batalla campal.
Lo que empezó como un desacuerdo de dos personas pronto se volvió una guerra entre dos grupos que dividió el lugar. En medio de todo resultaron personas heridas, que eran atendidas de manera improvisada a un lado, hubo quienes rompieron cosas, vidrios. Otros al no sentirse escuchados iniciaron incendios, para llamar la atención. Ya ni siquiera se entendía lo que decían y nadie recordaba la razón por la que inició todo.
Es curioso pero el caos y la violencia se extienden con mucha rapidez. En medio de tanto grito, aquel planeta de sordos se sacudió muy fuerte, lo que no había destruido la disputa se vino abajo, un segundo después solo se quedó una inmensa nube de polvo y un gran silencio. Todos sumidos en el asombro y el miedo empezaron a ayudarse a salir de los escombros y ponerse a salvo.
Después de ese día, nadie volvió a recordar ni siquiera el origen de la discusión. Aquel terremoto los obligó a trabajar en equipo, en total silencio y con la mayor solidaridad del mundo. La reflexión de lo ocurrido para los habitantes de este planeta se quedó al interior de cada conciencia.

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